jueves, 9 de abril de 2020

Periodo de confinamiento (II)

Cada vez que tacho un día en el calendario no puedo evitar sentirme algo abatido. De normal, quedarme en casa no suele ser un problema. Desde bien pequeño he preferido la comodidad del hogar a estar dando tumbos por ahí hasta las tantas de la noche, pero este largo confinamiento está comenzando a hartarme. Poco a poco, las ideas para distraerme se han ido agotando y lo único que se me ocurre es escribir un rato en el diario y luego salir al balcón a tomar el aire.

Al momento de salir, me percato de que el tiempo es bueno y se me pasa por la cabeza que podría hacerme una cerveza, y como no tengo nada mejor que hacer decido ir a la nevera a por una. Desde hace tiempo, he tomado la costumbre culpable de beber una latita al día y ahora cuesta bastante quitársela, aunque tampoco es algo en lo que piense demasiado. Después de todo, ¿qué sería de la vida sin estos pequeños placeres?

Mientras contemplo lo vacíos que están los dos parques que tengo enfrente, miro la hora en el móvil y constato que faltan diez minutos para que la gente salga a los balcones a aplaudir. Al principio de la cuarentena, admito que lo achaqué a una moda y deduje que se cansarían pronto, pero han ido pasando las semanas y la novedad ya se ha convertido en una rutina. Se nota que la gente está ociosa.

P.D. Que conste que no me parece mal lo de aplaudir para apoyar a los sanitarios. Es solo que ese tipo de cosas no van conmigo.

Imagen: Pixabay

miércoles, 8 de abril de 2020

Periodo de confinamiento

Después de estar veintitrés días encerrado en casa, me encuentro con que a veces debo mirar el calendario para recordar qué día es. Mi rutina, que consistía en ir y volver del trabajo y salir con los amigos muy de vez en cuando, se paralizó un dieciséis de marzo a las dos del mediodía, y desde entonces vivo en una inacabable pausa. Una pausa que, según leo en algunos periódicos de tirada nacional, parece que va para largo.

En este punto supongo que debería empezar a despotricar del gobierno y su pésima gestión de la crisis, pero resulta que me da una pereza terrible y que algunos periodistas ya han tocado el tema con bastante seriedad. ¿Qué sentido tiene que lo haga yo también? Cuando acabe todo esto, si es que algún día llega a terminarse del todo, quizá toque el tema con más detenimiento. Ahora no.

Otra cosa que quería comentar es la pesadez de los medios de comunicación. Da igual el canal que pongas o la hora a la que enciendas el televisor, siempre los verás hablando del monotema. Al final, opto por cambiar a DMAX, Mega o Divinity y si aun así no me convence me pongo YouTube en el móvil. ¡Y eso que me encantan las noticias desde que tengo memoria! Pero últimamente las evito como la peste.


Imagen: Xaviandrew

martes, 7 de abril de 2020

Un nuevo comienzo...

Ayer, mientras organizaba y limpiaba el ordenador, me encontré por casualidad con uno de los tantos documentos XML que me guardaba para no perder la información del blog. De entre todos los archivos que tenía abandonados y desordenados era la única prueba de que una vez tuve uno, y como ya se me habían acabado todas las opciones de entretenimiento consideré que sería una buena idea recuperarlo y releer algunas de las entradas que escribí. 

Cuando lo recuperé, sentí como si viajara en el tiempo. Muchos de los artículos de curiosidades e historia que en su día publiqué ni siquiera los recordaba, así que como supondrás me pasé unas cuantas horas rememorando viejos tiempos. Es curioso cómo evoluciona uno y cómo le cambian las circunstancias en apenas cuatro años. Hoy por hoy, muchos de esos artículos de opinión ya no reflejan lo que pienso.

Lo que pretendo hacer a partir de ahora es intentar recuperar la asiduidad con la que escribía en el mejor momento del blog. No sé si lo lograré o si me volveré a cansar por el camino, pero en estos tiempos de confinamiento todo es posible. 


Imagen: Geralt

martes, 22 de noviembre de 2016

El error de la izquierda española

La situación de la izquierda española es compleja y no obedece a los cánones europeos. Intentar analizarla con los mismos ojos que la política francesa o la alemana es un error muy común, y eso se debe a que la cuarta economía de la zona euro es especial en ciertos aspectos de su historia.

Para empezar, si tomamos al partido de Marine Le Pen como referencia de extrema derecha europea es evidente que en España no existe una formación similar. Quien haya leído mis anteriores artículos sabrá que considero a Ciudadanos como un partido más a la derecha que el PP, pero no es una formación euroescéptica ni defiende medidas económicas proteccionistas. Los integrantes del partido naranja, al contrario que 'Front National', creen que el mercado no necesita ningún tipo de regulación para que pueda funcionar correctamente. De ahí que defiendan el TTIP.

Las razones de que seamos una excepción son muy variadas. Entre ellas están los coletazos que todavía da el franquismo o que los inmigrantes que recibimos son mayormente sudamericanos de tradición católica. Francia, por el contrario, tiene una fuerte inmigración musulmana que no es capaz de adaptarse a un país laico y culturalmente opuesto a las costumbres de la tradición islámica. Esa, y no otra, es la causa principal de que el norte de Europa se vea amenazada por una derecha xenófoba.

También debemos añadir el trauma que supuso la Guerra Civil Española, y digo 'trauma' porque volvió al ciudadano medio más reservado e individualista. Sin duda alguna, el mantra de "no te metas en política" caló bien profundo. Lejos ha quedado esa izquierda de la Segunda República que afrontó sin remilgos los problemas que sufría el país, aunque también es cierto que les hizo frente sin respetar los tiempos.


Preocúpate de sentir, no pienses

La campaña que llevó Podemos para las elecciones del 26J no me gustó nada. En lugar de apelar a la razón y explicar cada una de sus propuestas con ahínco se dedicaron a difundir discursos emocionales carentes de contenido. Huyeron de las cuestiones polémicas que podían definirles o minar su espacio electoral y se centraron en algo tan impreciso como la 'ilusión'.  Los decepcionantes frutos de esa estrategia electoral se los debemos a una prensa vergonzante y a Íñigo Errejón, el jefe de campaña de Podemos.

No hace mucho le escuché decir a Juan Carlos Monedero que Errejón tiene una visión descreída de la sociedad. También declaró que piensa que los españoles son en su mayoría de ideología conservadora y que por esa razón apostaba por un discurso templado. Eso significa que el secretario de campaña de la formación morada nunca ha sido partidario de decir la verdad sin edulcorantes, sino de exponer un discurso moderado con la esperanza de contentar a todo el mundo.

Pablo Iglesias comprendió que su compañero se equivocaba y por eso emprendió la misma estrategia de hace dos años, es decir, definir sin miedo a su enemigo para que los votantes vuelvan a ver a Podemos como una opción de cambio. El detalle de regresar al discurso áspero pretende retener a esa gente que empezaba a desencantarse con una formación ya descafeinada. Al final, el líder de Podemos se dio cuenta de que su sangría venía por la izquierda, no por el centro.

El único inconveniente que le encuentro a su estrategia es que sigue eludiendo temas espinosos que cualquier político serio debería abordar. Es una ambigüedad puramente electoralista, pero no deja de ser decepcionante que haya terminado doblando la rodilla frente a la presión encarnizada de los medios de 'comunicación'. Sí, la prensa ha tenido mucho que ver con la moderación que ha sufrido Podemos, aunque no tiene todo el mérito.

Un ejemplo clave para entender a lo que me refiero con que eluden 'temas espinosos' es la cuestión de la inmigración. Desde Podemos se ejerce un discurso buenista por miedo a perder votantes, pero no hay que ser muy listo para darse cuenta de que un país no puede eliminar sus fronteras. Aunque no sea políticamente correcto admitirlo, las fronteras son necesarias y deben regularse en la medida de lo posible, ya que de lo contrario el país no puede atender bien ni a los que llegan ni a los que están.

Jorge Vestrynge, un politólogo simpatizante con la formación de Pablo Iglesias, ha hablado de esto varias veces desde un punto de vista práctico. En lugar de escribiros la parrafada, os dejo un vídeo donde lo explica perfectamente.


Debo resaltar que Pablo Iglesias no es el único político que cae en esa manía de no hablar claro sobre asuntos impopulares. El problema es que antes se mojaba más y no temía tanto las consecuencias de unas palabras sinceras. Ahora, su miedo al 'qué dirán' le ha llevado a callarse más de cuatro cosas, quizá porque los medios de comunicación siempre están a la espera de que se salga del molde.


Nota: El lector habrá notado que solo he hablado de Podemos para referirme a la izquierda de este país. Eso es porque considero que todos los partidos progresistas están dentro de Unidos Podemos. El resto son formaciones oportunistas o directamente de derechas.

martes, 11 de octubre de 2016

La raíz del problema


En un principio tenía pensado escribir sobre el apocalipsis """""socialista""""" y el negro futuro que les depara. Esta mañana he leído en 'eldiario.es' que la nueva dirección del PSOE se abstendrá gratis con tal de evitar terceras elecciones, algo que no debe pillarnos por sorpresa porque para eso forzaron la salida de Pedro Sánchez.

Lo que no puedo evitar preguntarme es qué harán después de la investidura. ¿Votarán en contra de los presupuestos y de todos los recortes que nos esperan o mantendrán una actitud sumisa? ¿Acaso no son conscientes de que Rajoy no tiene nada que perder en otras elecciones? A veces me da la impresión de que los llamados 'golpistas' no saben muy bien hacia dónde van, ya que cuando invistan a Rajoy pondrán en marcha la legislatura del chantaje.

Luego me di cuenta de que no iba a aportar nada nuevo haciendo una descripción detallada sobre la caída de Pedro Sánchez. Al fin y al cabo, ¿qué iba a escribir que no se hubiese escrito ya? Además, creo que era de esperar que el PSOE terminase absteniéndose de una forma y otra.  Como mucho, la novedad es que hayan aguantado tanto.

En fin, que me enrollo. Como he escrito más arriba, estaba pensando en todo esto cuando me encontré en Facebook con dos textos muy acertados publicados por Guillermo Toledo. Los escribió el cuatro y cinco de octubre de este mes, y debo admitir que al leerlos recordé por qué era abstencionista antes de empezar a votar a Podemos. Al lado de esto, las intrigas políticas quedan reducidas a la nada.


04-10-2016

El gobierno griego de Alexis Tsipras pretende bajar un 30% las pensiones tras una bajada anterior del 20%. El propio Tsipras protestó por la utilización de gases lacrimógenos de los gobiernos anteriores cuando estaba en la oposición, exactamente los mismos gases (de producción sionista) que ahora su policía utiliza contra los jubilados que se manifestaron en Atenas por su vida; por un presente y un futuro dignos. 
Ahora dice que los quiere prohibir. La socialdemocracia es lo que tiene, que también reparte hostias a la clase obrera sin miramientos. Pero, eso sí, con alegría, ilusión, esperanza y corazones. Muchos corazones.

05-10-2016
"Siryza privatiza el agua de Atenas y Tesalónica, la empresa pública de electricidad, la industria griega de vehículos y el metro de Atenas. Esta es la alternativa más a la izquierda de todos los gobiernos de Europa. Ni un solo partido con opciones, no ya de gobernar, sino de tener representación parlamentaria en este 'país', dice la verdad: nada se puede hacer dentro de la UE, del euro y de la OTAN. Nada obedeciendo las imposiciones del BCE, del FMI o el BM. 
El fascismo no es reformable, como tampoco lo es su 'rostro amable': el capitalismo europeo y sus democracias parlamentarias representativas. Votar es, hoy más que nunca, elegir entre los varios modelos de bota con la que nos gustaría que nos pisaran el cuello.  
El estado socialista que soñó Salvador Allende ha dejado de ser una utopía para convertirse en una quimera. El cambio climático, y la guerra mundial total que aquel ya está provocando, convierten en inútil cualquier pretensión de reforma del sistema. 
Visto el tamaño, la profundidad, y el alcance del engaño y la mentira asumida bajo la que vivimos, solo se me ocurre una solución: regresar al homo erectus, y reaprender a caminar, pensar y amar."

Los dos textos se pueden reducir a lo que he destacado en negrita. De este atolladero no nos puede sacar ningún partido porque estos ya han aceptado las reglas del juego. En el momento en que una formación política huya de esos tres puntos debemos tener claro que no van a cambiar nada. Decir lo contrario es mentir a la gente.


jueves, 15 de septiembre de 2016

Podemos ya no es el cambio


He ido alargando la tarea de hacer este artículo porque no sabía cómo abordarlo. Quien haya leído mis últimas entradas sabrá muy bien por qué he terminado harto de Podemos y cuáles son las razones por las que no les voy a votar si hay terceras elecciones. Volver a enumerar los motivos sería repetirme, así que el lector me va a permitir hacer trampas y dejar los enlaces al final del texto.

En esta ocasión quiero poner de relieve unos cuantos detalles que empiezan a ser la norma en muchos votantes de la formación morada. Solo son eso, detalles, pero juntándolos todos conforman un marco curioso. A veces me pregunto si la cúpula de Podemos ya tenía prevista toda esta estrategia de moderación y acercamiento al PSOE o si la han improvisado sobre la marcha. Si me preguntan, apuesto a que ha sido una mezcla de las dos. No creo que Pablo Iglesias fuera tan ingenuo como para no prever que su discurso se diluiría con el tiempo. En sí, el querer acaparar más votos no está mal, lo que está mal es hacerlo tomándole el pelo a la gente.

Podemos fue en sus inicios un partido marcadamente de izquierdas, euroescéptico y anti-OTAN. Al poco tiempo optaron por decir que eran transversales para recoger más votos, y esta estrategia les funcionó temporalmente. Luego, al ver que con el cuento de la transversalidad no alcanzaban la cuota deseada comenzaron a definirse como muy europeístas y socialdemócratas. A partir de ese momento salir de la Unión Europea suponía para ellos una herejía, algo propio de infieles y seres demoníacos que querían destruir España. Esa grande y libre, según Paco.

Luego vino el tema de la OTAN, donde el señor Iglesias recurrió a la misma argucia que utilizó en su época Felipe González. Él no empleó el vergonzoso eslogan "OTAN de entrada NO", pero vino a decir que el acuerdo había que 'reformarlo' o 'renegociarlo'.  Vamos, un solapado  'OTAN sí' en toda regla. Como confirmación, tenemos a su fichaje estrella, Julio Rodríguez, quien dijo a finales del año pasado que seguirán "respetando los acuerdos de la OTAN" y que apuestan "por una defensa integral europea". Os pondría el enlace, pero el artículo en cuestión es de 'El País'.

Hay otros detalles a tener en cuenta, como el nulo debate existente entre monarquía o república, que es crucial para alcanzar esa justicia social tan deseada. También hay mucho prejuicio dentro de Podemos hacia los malvados comunistas, esos trasnochados hipócritas que viven en el pasado y que utilizan móviles en lugar de señales de humo. No importa que el precursor de la telefonía móvil fuera Leonid Kupriánovich, un inventor soviético. Ellos seguirán diciéndote que si eres comunista no puedes usar un puto móvil, y menos si es un iPhone (me tienen que explicar por qué tienen esa obsesión con los iPhones).

Con respecto a la transversalidad, me veo obligado a hacer un apunte. Aunque en un principio pueda parecer una buena idea que un partido se declare como tal, no hay que olvidar que no deja de ser una estrategia política para confundir y atraer a los votantes despistados. Por mucho que Ciudadanos se declare transversal no hay que ser un lince para darse cuenta de que son de derechas, al igual que UPyD. El caso de Podemos no es distinto, ya que dicen que el espectro clásico izquierda-derecha no va con ellos cuando son un partido de izquierdas. ¿O qué? ¿Acaso hay votantes de Podemos que beban del neoliberalismo más recalcitrante? Como mucho, nos podremos encontrar con abstencionistas de toda la vida o gente que no sepa muy bien dónde situarse, pero nada más.

El problema de utilizar el cuento de la transversalidad es que puede salir tremendamente mal. Aunque nos fastidie, España siempre ha funcionado con el eje izquierda-derecha (querer verlo de otra manera sería engañar al electorado). Nunca ha estado bien visto que un partido pueda pactar tanto con el PP como con el PSOE. Dan la sensación de que solo se arriman a quien tiene el poder y eso crea desconfianza en el votante. De ahí que Ciudadanos le tenga tanto pánico a unas nuevas elecciones. 

En este punto creo conveniente aclarar que hay dos tipos de votantes de Podemos: los que son conscientes de todo lo que he dicho y los ingenuos que no se enteran de nada porque ven la política con los mismos ojos que el fútbol. Si os soy sincero, no sé cuál es peor, si los primeros, que aun sabiendo en lo que se han convertido les siguen votando, o los segundos, que son los nuevos hooligans. 

En resumen, que Pablo Iglesias no cambiará nada si llega al poder. No nacionalizará ni aunque sea parcialmente las empresas que antes eran públicas, no impulsará un referéndum Monarquía-República por miedo a perder votos, no regulará los medios de comunicación con el fin de evitar abusos, no planteará la posibilidad de renegociar la deuda para no parecer un radical comunista-antisistema-bolivariano y, cómo no, tampoco cambiará el sistema electoral porque una vez suba al poder no le vendrá bien hacerlo. Pablo Iglesias será un segundo Zapatero, es decir, un presidente débil y aficionado a los brindis al sol que se arrodillará a los mandatos de Bruselas sin dudarlo, igual que Tsipras.


Aquí os dejo las otras entradas:



Imagen: Blitzmaerker

lunes, 8 de agosto de 2016

Zapatero quiere que gobierne Rajoy





El mejor presidente de nuestra reciente 'democracia', según Pablo Iglesias, ha pedido a Pedro Sánchez de forma muy disimulada que el PSOE se abstenga para que vuelva a gobernar el PP cuatro años más. En su nueva reaparición ha alertado de que sería muy "negativo e inconveniente" que hubiera terceras elecciones y, tras pedir al partido de Mariano Rajoy que haga su máximo esfuerzo en las negociaciones, insta al PSOE a que abra un proceso de diálogo interno para que se debata este tema con profundidad.

Zapatero defiende que llegar a un acuerdo con el PP es compatible con el posicionamiento ideológico (!), pero en Ferraz le han contestado que ya tomaron la decisión el pasado 9 de julio y que desde ese día no ha pasado nada nuevo que justifique ese 'diálogo interno'. De este modo, cierran la puerta al nuevo intento de presión, el cual también les ha venido por parte de su venerado jarrón chino en reiteradas ocasiones.

Si el lector le ha echado un vistazo a mi última entrada ya conocerá mi opinión sobre lo que hará el PSOE. Esa cabezonería de decirle no a todo tendrá que romperse en algún momento, quizá a última hora por miedo a lo que pudiera pasar si van a unas terceras elecciones. Por mucho que el CIS diga ahora que el mal llamado 'partido socialista' saldría beneficiado, todos sabemos que las elecciones son impredecibles y que las carga el diablo.


Imagen: Wikipedia.